miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Regalos sí o no?

En vísperas de mi cumpleaños he tenido una epifanía -ponele-. Descubrí que me volví una de esas personas complicadas para regalar. Siempre me jacté de ser una persona simple, era cuestión de conocerme un poco y saber qué podía ser un regalo adecuado. Me gusta leer, escucho una amplia selección de música, siempre me engancho con series y películas, me gustan las plantas, uso accesorios... y la lista sigue.
Pero este año algo cambió -música de suspenso-, algo que, en realidad, viene cambiando hace bastante. Yo. Desde hace unos pocos años decidí llevar un estilo de vida más simple -I'm still working on it-. Decidí no comprar cosas compulsivamente -aunque nunca lo hice demasiado- sino objetos que tengan un valor realmente sentimental o simplemente sean útiles y les dé un uso. Además, decidí dejar de consumir determinadas marcas ya que testean en animales o tienen derivados de estos (cueros, por ejemplo). Eso ya reduce bastante la amplia variedad de la que hablaba antes. Y, por último, este año decidí que no quiero que me regalen ropa porque siempre termino con varias prendas que no uso demasiado porque no son "de mi estilo" -odio esa frase pero bueh- y por ende siempre terminan en la pila de ropa "para regalar". Ah, y una cosa más. Como si todo lo anterior no fuera lo suficientemente quisquilloso, en cuánto a accesorios respecta, opté por no comprar determinadas marcas y materiales ya que con el uso se vuelven rosa (porque son de chafa) y encima -que densa la piba- trato de usar sólo dorado que es el color que va con mi tono de piel.
Entonces, recapitulemos. ¿Ropa? Mmm, mejor no. ¿Maquillaje? Mmm, si la gente supiera qué marcas no testean... ¿Accesorios? Algo que no sea de chafa se va de presupuesto. ¿Objetos? ¡¿Y qué carajo sé que quiere/necesita esta piba?!
Hace unos años opté por hacer una "lista de regalos" pero me sentí totalmente pretenciosa y era opuesto a lo que quería lograr.
Sí, como decía antes, me he puesto extremadamente molesta para regalar, aunque no me arrepiento ni un poco. Todo esto que parece un capricho de adolescente responde a un estilo de vida que trato de construir año a año y los regalos parecen atentar contra esto.
Ojo, con esto no estoy diciendo que los últimos regalos que me hicieron fueron malos, para nada. El año pasado mis dos mejores amigas me regalaron artículos de librería -siempre útiles y mi pasión- y una cartuchera que uso para el trabajo. Otro grupo de amigos me dieron una caja súper original y genial para guardar los libros de Harry Potter. Esos son algunos ejemplos de varios.
Así que, lector de esta persona molesta, si estás socialmente obligado a regalarme algo, te invito de corazón a que si no sabés qué, no me regales nada más que tu presencia. Suena antipático, lo sé, pero soy sincera. Los regalos son un agasajo sí, pero cuándo una se pone tan quisquillosa, entiendo que se vuelve una molestia. Nuevamente repito, escribime un whatsapp y decime de ir a tomar unos mates. Me parece mejor idea y más simple, ¿no?
Sorry not sorry.

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